19 julio, 2009

El mexicano y la narcocultura.

Espero se tomen la molestia de leer un texto largo en blogspot

-         ¿Usted baila al sonido de las balas? O ¿Celebra cada vez que hay un ejecutado en su ciudad?

-         No, eso es absurdo, por Dios, eso asusta a cualquiera, tu pregunta raya en lo tonto.

-         Entonces… ¿por qué sigue cantando y bailando eso que denominan como Narcocorrido?

-         ……

         Hace tiempo, en mi facultad, se desarrolló un foro sobre el análisis de la violencia en nuestro estado, en donde se contaba con 4 ponentes, el una periodista o encargada de medios, una antropóloga, un filósofo (el doctor Rico Bovio) y un sacerdote. En el cual, todos fueron políticamente correctos y nadie se atrevió a dar un paso más allá de lo que pudiésemos esperar.

         La antropóloga, según me cuentan, se limitó a hablar de ella en cuanto a la animalidad que se encuentra dentro del ser humano (esto porque yo aun no salía de mi clase de latín), el sacerdote hablaba de clases de moral en las escuelas primarias, aunque él decía que se les enseñaría aquella a la que se subscribieran sus padres, pero se notaba a leguas que se buscaba imponer el sistema católico como dogma, violando la laicidad de las instituciones y por si no se dieran cuenta, estos delincuentes son “profundamente cristianos”, lo cual no evitaría el caer de los hijos a las drogas, siendo este un problema aun más profundo. Aun fue más patética la participación de la periodista, quien propuso que se dejaran de dar estas noticias y se diera un giro para reportar notas de tinte positivo, absurdo, así no se soluciona nada, es como intentar impedir el calor en esta ciudad tapando el sol con un solo dedo. Por finalizar, el doctor Rico Bovio, para deleite personal, habló de ello desde la perspectiva filosófica, sin embargo, se quedó un poco atrasado con el problema, pues creo faltó señalar culpables directos, (quizá sin nombre y apellido) y sobre todo, plantear remedios, no como una panacea a los problema nacionales, sino como pequeños intentos para salir adelante.

         Llegó el esperado momento de preguntas y respuestas, pues al parecer todos los ciudadanos tenemos las soluciones que el estado no ha podido implementar, y la “levantadera” de manos fue apabullante; la cual, después de una serie de preguntas e intervenciones fue disminuyéndose, pues muchos se encontraban en un planteamiento común: “más efectivos, militares, policiacos, etc.” Sin embargo, hubo otros planteamientos, desde uno de los más extraños: “La violencia es porque los hombres no podemos balancear nuestra relación con nuestro lado femenino” que verdaderamente me pareció fuera de lugar. Pero hubo otra planteada por un compañero: “La implementación de acciones culturales, siguiendo el sistema colombiano que les dio éxito en las ciudades más violentas de ese país”; fue respondida como algo descabellado, e insuficiente, pues quizá debería implementarse, pero a la gente le gusta observar muy verde a su ciudad. En esos momentos fue que se me otorgó la palabra a mi para poder participar: “no solo se deben implementar acciones culturales, sino que se debe hacer un fuerte análisis de la cultura, esa que va ampliamente ligada con los delincuentes que los permite vivir dentro de nosotros y aceptarlos, la más clara de sus expresiones: el narcocorrido dentro de la música popular mexicana”. Quizá no me supe explicar de momento, o tal vez ni siquiera les importó, pues enseguida de mí el comentario fue de chakras y espiritualidad; solo capté la atención de la reportera del Heraldo de Chihuahua, quien me dio mis dos párrafos de fama.

         Pues bien, creo que debo ampliar un tanto a qué se le llama narcocultura, para poder entender  bien este problema.

         El mexicano, vive dentro de la ilegalidad constantemente, e incluso es motivo para estar orgulloso, siente su persona, pues todo se ve dentro de aquel viejo lema: “El que no tranza, no avanza”, haciendo que las personas que actúan con la mayor rectitud que les es posible, sean tomados como tontos, pues se verán estancados toda su vida por ser tan ilusos, e incluso, serán engañados por los demás. Pues en México, se admira a aquel que es más astuto para saltarse las leyes y robar a los demás, que importa si es un chicle, eso ya es motivo de orgullo, pues hemos podido sacar tajada de una manera gratuita, lo cual nos lleva a la antigua fábula por todos conocida de los cangrejos, pues en este constante “chingamiento” colectivo, no logramos avanzar como nación, pues el círculo es vicioso y todos nos quitamos, sin poder ser nadie el ganador en esta contienda, quizá en grupo sería mejor.

         Dentro de esto que denominamos cultura de la ilegalidad encontramos una subdivisión que es la Narcocultura, la cual se encuentra muy arraigada sobre todo en los estados del norte de nuestro país, sin embargo se encuentra a lo largo de toda la nación en menores porcentajes, pero está ahí, latente en cada uno.

         Esta se caracteriza por una glorificación del narco, en el cual todos quieren ser como ellos e incluso los celebran de una forma u otra. El arquetipo del narco es: Cadenas de mal gusto pero de oro, dibujos o signos de drogas o armas, camionetas ostentosas, camisas de seda, sombrero, etc. bueno ustedes conocen el arquetipo del narco, el cual muchos quieren seguir.

         Y es que en muchos casos son tomados como “buenos” pues al tener mucho dinero se dedican a financiar causas de beneficencia, o que así lo toman la personas, por ello llegan a financiar negocios, iglesias e incluso ciudades enteras se encuentran vivas gracias al dinero que inyectan estos personajes, ganándose la protección de toda la comunidad que ahí habitan.

         “Todos somos Marcos” declaraban los seguidores del movimiento zapatista en 1995, en referencia a aquel encapuchado anónimo del cual se buscaba su verdadera identidad, pero en solidaridad a la causa, se decía que todos estábamos de acuerdo con ese movimiento. En contra parte, un profesor de mi facultad, menciona: “aquí en Chihuahua, todos somos narcos”, en relación de que todos tenemos un familiar, un amigo, un vecino o un conocido del cual sabemos se encuentra dentro de las líneas de alguno de los cárteles, de una forma u otra, lo cual nos hace cómplices del hecho. Sin embargo, al momento de preguntar, ¿por qué no lo denuncia? La respuesta muchas veces no es por la peligrosidad que conlleva esta acción, sino que justifican a estas personas porque son muy buenas y los han apoyado, porque las quieren, porque están ahí por necesidad o “deberían agarrar a los altos mandos y no a la gente que lo hace porque no tiene dinero (siendo que tienen una camioneta del año en la cochera, “fruto” de su esfuerzo), lo cual nos hace cómplices de ese tipo de bandas delictivas.

         Por todos los beneficios o personalidad aparente que se le atribuye al narco, entonces muchos buscan serlo, ya quizá no sea ni siquiera por la remuneración económica que con ello llega, ni tampoco porque esto sea más fácil, pues simplemente se realiza porque ellos gozan de un nivel de estatus alto y de respeto, y para quienes no acceden a este grupo, más vale cuando menos parecer y figurar como uno de ellos, pues también puede uno tener esa “honorabilidad” de la que ellos gozan. Entonces comienzan a ser como ellos: vestimenta, forma de expresarse y de actuar, automóviles aunque deban endeudarse para poderlo tener, infringir la ley, hacer escándalo, utilizar accesorios, etc. Cabe destacar la gran cantidad de fotografías que se toman los jóvenes hoy en día con armas de fuego o, cuando menos, “mirada de matones”… todo lo anterior parece ser muy seductor para muchas mujeres, creo que esa es uno de los motivos por lo cual muchos lo hacen.

         Por último, si usted no puede o no desea hacer nada de lo anterior, aun tiene una alternativa para poder estar “dentro”, que es el paso de la veneración a estos “héroes”. Esto se da por medio de cánticos, bastante malos por cierto, que se han denominado como narcocorridos, estos los cantan cada fin de semana los jóvenes en los lugares de esparcimiento o los traen en la lista de reproducción de su computadora o automóvil, pero eso sí, quieren que la violencia en las calles se termina (paradójico ¿no?). También se encuentra el culto religioso a un personaje al cual ya denominan como santo, e incluso le tienen sus altares.

         Estando hace tiempo en mi ciudad, escuchaba como mis amigos y conocidos entonaban con singular alegría estas canciones, y me preguntaba  ¿Qué no se dan cuenta de las tonterías que están diciendo o de la clase de persona que están alabando? Lo más triste es que sí, y lo seguirán haciendo si no se aplican los filósofos como médicos de la cultura, así como lo planeaba y pensaba Nietzsche, pues esto está muy enraizado, ninguna cantidad de soldados puede solucionarlo, pues si matan a un narco, estos aparentes gustosos estarán de ocupar este lugar, haciendo un círculo vicioso demasiado peligroso y de nunca acabar.

         Por el momento procuro no asistir a esos lugares en los cuales la humanidad se está denigrando y poniendo a los pies de la escoria de la sociedad, e incluso he intentado concientizar a las pocas personas que considero inteligentes para entender esta problemática, ejemplo la semana pasada cuando me encontraba en un “karoeke” y unas amigas veían pasar la letra y cantaban, las hice ver lo que estaban diciendo, a lo cual pasaron automáticamente a guardar silencio, pues es obvio que es una canción de narcos aquella que habla de narices empolvadas, camionetas blindadas, y de prevenirse del gobierno o “familiares”.

         Son miles de melodías con estos temas y los comportamientos con este fin, sin embargo, debemos luchar por erradicarlos y así comenzar a destruir desde abajo este mal que aqueja a nuestro país con mayor fuerza desde los últimos años.

10 julio, 2009

Polvo de estrellas.

            El siguiente escrito nace por lo degradado del contexto en el cual estamos viviendo dentro de nuestro mundo, más específicamente el estado de Chihuahua aquí en México, donde vivimos una oleada de violencia sin precedentes, o cuando menos yo no me acuerdo, a la cual no estábamos acostumbrados, y ni queremos hacerlo, por lo tanto se le debe buscar solución.

            Ante la gran cantidad de muertes que conllevan los asesinatos por el narco, los secuestros e incluso una serie de suicidios, me he obligado a pensar en el valor de la vida, sobre todo en el valor de la vida humana, pues si se están desechando de una manera tan fácil quiere decir que no se han puesto a pensar en ello, o simplemente se ha desvalorizado o nunca ha tenido dicha cualificación de manera objetiva y la realidad es lo que vivimos.

            Recuerdo que en primer semestre de la carrera en tono de mofa un profesor nos decía que no fuéramos tan creídos, o cuando menos no nos pusiéramos un costo muy alto, pues en química se había demostrado que los componentes de los que estamos conformados son fácilmente encontrables en una farmacia y por la módica cantidad de no más de 30 pesos (Creo que en su tiempo dijo 20, no lo recuerdo bien, sin embargo la cifra exacta es lo de menos, el caso es demostrar que el famoso CHONPKS no es de gran valor, sino que son de los elementos más simples)

            Sin embargo, la vida humana va más allá de compuestos químicos en perfecto orden, agréguele usted lo que quiera: dignidad, alma, espíritu, Dasein, voluntad, etc. pero no estamos confinados únicamente a los elementos antes mencionados, en la misma sintonía se encuentran los animales y las plantas.

            Cuando veía el conteo de la gran cantidad de ejecutados en la ciudad y en lo que va del sexenio pensé que a los sicarios se les pagarían cantidades exorbitantes de dinero por realizar su trabajo, pues para poder apagar la conciencia es necesario, creo yo, un cañonazo lo suficientemente fuerte como para que no quede lugar a dudas y se lleve a cabo el trabajo sin dudarlo ni poco.

            Craso error, pues al enterarme por medio de uno de los periódicos digitales de que han detenido a un sicario, sorprendentemente joven como muchos de los que se dedican a esta actividad poco envidiable y mucho menos honrosa, se le ha preguntado la cantidad que ganaba en cada uno de los actos cometidos, él ha respondido que la cantidad de 1500 por persona o por “misión” por así decirlo, no sé por qué pero hasta me imagino que el arma se las prestan y las balas en algunos casos irán por su cuenta.

            Alarmante, pues creo que es fácil acceder a esa suma, y si ellos se rentan como mercenarios para poder llevar a cabo las tareas sucios entonces se vuelve una situación aun más peligrosa de lo que se pensaba, pues si a usted le cae una persona lo suficientemente mal como para desear exterminarla lo puede llevar a cabo, por esa módica cantidad se deshacen de su adversario y ni quien piense que usted fue, pues nuestras autoridades le darán el carpetazo de que es un ajuste de cuentas y el motivo es narcotráfico, sin ningún otro paso de investigación

            Sin embargo existe quienes les gusta dignificar la vida de una u otra manera, sin ir con pensamientos muy metafísicos que tengan una gran falta de demostración y solo tenemos la creencia en ellos para fundamentarlos, por ello, presento esta idea un tanto más científica, o cientificista para aquellos que les gusta el peyorativo, pero me agrada decir que todo somos parte del cosmos, y de una forma no mística, sino muy material estamos ligados unos con otros, y la vida es uno de los procesos de mayor desarrollo y complejidad y por ello se debe respetar (no utilizable para cuestiones del aborto, ese es arena de otro costal).

            Todos provenimos de las estrellas, o cuando menos formamos parte de ellas, así lo demuestra el gran divulgador de la ciencia Carl Sagan en la siguiente cita de su libro El mundo y sus demonios: “Aunque para mí es difícil ver una conexión cósmica más profunda que los asombrosos descubrimientos de la astrofísica nuclear moderna: excepto el hidrógeno, todos los átomos que nos configuran —el hierro de nuestra sangre, el calcio de nuestros huesos, el carbón de nuestro cerebro— fueron fabricados en estrellas gigantes rojas a una distancia de miles de años luz en el espacio y hace miles de millones de años en el tiempo. Somos, como me gusta decir, materia estelar.”

            Sobre el mismo tema, e incluso de una manera más poética habla el teólogo de la liberación, Ernesto Cardenal, quien en su poema Canto Cósmico escribe:

Y del matrimonio de protones con neutrones
se produjo la vida.
¿Qué hay en una estrella? Nosotros mismos.
Todos los elementos de nuestro cuerpo y del planeta
estuvieron en las entrañas de una estrella.
Somos polvo de estrellas.
Hace 15.000.000.000 de años éramos una masa
de hidrógeno flotando en el espacio, girando lentamente, danzando.
Y el gas se condensó más y más
cada vez con más y más masa
y la masa se hizo estrella y empezó a brillar.
Condensándose se hacían calientes y luminosas.
La gravitación producía energía térmica: luz y calor.
Como decir amor.
Nacían, crecían y morían las estrellas.

            Si los antiguos adoraban al sol, a las estrellas, a los demás astros y al cosmos, porque son sagrados, vamos el astro rey se debe considerar como sagrado ya que sin él sería imposible nuestra existencia, de hecho todo lo que nos permita sobrevivir como especie debe ser considerado sagrado. Es decir, la vida humana es sagrada por el hecho de ser una de las cuestiones más complejas del cosmos…

            Pero quizá no logre argumentarlo bien del todo, por eso mejor les dejo la canción Polvo de Estrellas del uruguayo Jorge Drexler, donde nos habla precisamente de este tema, haciéndolo con gran maestría y muy buena letra:

MV
Espero que salga el video, jeje